¿Se puede asegurar educación de calidad para todos en América Latina con las Escuelas Comunitarias?

Publicado el 12 mayo, 2017 by Glasswing International

En septiembre del 2016, el mundo celebrará el primer aniversario de la adopción de la Agenda para el Desarrollo Sostenible en la sede principal de las Naciones Unidas, en Nueva York. El sistema de las Naciones Unidas, junto a gobiernos, organizaciones internacionales, empresas privadas, actores no estatales e individuos, se han comprometido a alcanzar 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas, incluyendo cero pobreza, educación universal de calidad y reducción de las desigualdades. Estas son metas ambiciosas considerando que, a pesar del progreso significativo del Objetivo de Desarrollo del Milenio (alcanzar educación primaria universal), sigue habiendo 60 millones de niños y niñas alrededor del mundo que no asisten a la escuela.

El ODS cuatro va más allá de asegurar que todos los niños asistan a la escuela. Este objetivo busca asegurar que todas las personas tengan acceso a una educación de calidad, inclusiva y equitativa, además de garantizar oportunidades de aprendizaje durante toda su vida. Pero, ¿cómo determinamos lo que constituye “educación de calidad” y cómo estimulamos “oportunidades de aprendizaje permanente para todos?” Además, ¿cómo alcanzamos el ODS cuatro en la región más desigual del mundo?

En América Latina, niños y jóvenes asisten a la escuela por un promedio de 4.5 horas diarias y casi el 70% de los jóvenes abandonan la escuela antes de comenzar el bachillerato. Además de ello, muchos niños y jóvenes que siguen asistiendo a la escuela terminan sin aprender mucho. En todo el mundo, un 38% de niños terminan la educación primaria sin aprender a leer, escribir, ni hacer matemáticas básicas. América Latina también tiene aproximadamente 20 millones de jóvenes – casi 1 de cada 5 en la región – entre las edades de 15 y 24 años que ni estudian ni trabajan (también conocidos como “Ninis”, una abreviación de la expresión “ni estudian ni trabajan”).

En Centroamérica, el problema es aún más grave. Esta región lleva el título, poco envidiable, de la zona más violenta del mundo. El Triángulo Norte de Centroamérica (El Salvador, Honduras y Guatemala) enfrenta grandes retos de pobreza extrema, altos niveles de violencia y de inseguridad, junto con una crisis migratoria.  Estos temas interrelacionados, claramente, contribuyen a tasas elevadas de abandono escolar y perpetúan los ciclos viciosos de desigualdad y pobreza.

A pesar de esta realidad, la educación sigue siendo la manera más confiable para asegurar un mejor futuro para los jóvenes y sus familias. El acceso a educación de calidad que promueva oportunidades de aprendizaje permanente es clave para reducir las tasas de abandono escolar y asegurar que los jóvenes se gradúen con las competencias necesarias para ingresar a la fuerza laboral y las habilidades socio-emocionales necesarias para ser miembros productivos de sus comunidades. Para lograr el ODS cuatro, todos los sectores de la sociedad tienen que unirse para garantizar que todos los niños y niñas tengan acceso a educación durante la primera infancia, así como educación primaria y secundaria de calidad con un énfasis en resultados de aprendizaje efectivos. El Objetivo Global cuatro también incluye la promoción de educación para el desarrollo sostenible, que busca educar a todas las personas sobre la igualdad de género, promover una cultura de paz y no violencia, junto con la ciudadanía mundial, entre otras metas.

En Centroamérica, se están adoptando nuevos e innovadores enfoques para abordar estos temas de desarrollo, impulsados por las comunidades, en alianza con actores estatales y no estatales.  Para resolver los déficits educativos actuales y promover oportunidades para aprendizaje permanente, alianzas intersectoriales se están forjando por organizaciones como Glasswing Internacional, con el fin de empoderar a individuos para que se involucren en sus comunidades y, así, crear ambientes de aprendizaje efectivos. En América Latina, Glasswing brinda educación de calidad a más de 20,000 niños y jóvenes, a través de su modelo de Escuelas Comunitarias. Este modelo incentiva a múltiples sectores de la sociedad, incluyendo a compañías, oenegés, gobiernos locales y nacionales a través de la región y otros socios como la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), a colaborar para brindarles a los niños y jóvenes oportunidades que los mantengan alejados de la violencia y pueda ayudarles a prosperar.

Las Escuelas Comunitarias son escuelas públicas que se comprometen con Glasswing, sus socios y la comunidad, para ofrecerles a los estudiantes un ambiente seguro, de apoyo y estimulante donde pueden aprender. Son un punto de actividad que también se convierten en un orgullo comunitario, brindándole a los jóvenes oportunidades educativas, modelos de conducta a seguir y, lo más importante, un sentimiento de esperanza. Este modelo espera que la educación de calidad para la juventud y sus comunidades puede revertir el impacto de la pobreza y violencia.

Al extender el día escolar, el modelo le ofrece a los estudiantes oportunidades a como mayor tiempo con sus compañeros y modelos de conducta a seguir dentro de sus mismas comunidades. Los estudiantes se sienten animados al tener un espacio donde pasar el día después de que terminen las clases y tienen una alternativa positiva a la violencia y las maras, problemas que son parte de su realidad diaria. Se ha demostrado que estos aspectos interconectados del modelo mejoran las habilidades de la vida de los estudiantes y aumentan su autoestima. Además, desarrollan sus capacidades de comunicación, pensamiento crítico, creatividad y su empatía. Incluso, los padres de familia de las Escuelas Comunitarias reportan mejores relaciones intrafamiliares y los docentes reportan mayor rendimiento escolar junto con una reducción de riesgo y vulnerabilidad a la violencia. Además, los estudiantes son tres veces menos probables de abandonar la escuela.

Ya que el mundo está priorizando los Objetivos de Desarrollo Sostenible, es evidente que la calidad de educación establece una base para mejores estudiantes, mejores ciudadanos y, asimismo, mejores comunidades. Aunque son limitadas, investigaciones indican que enfoques innovadores, tales como el de las Escuelas Comunitarias, aumentan la percepción de ambientes seguros y brindan tasas de admisión escolar fiables, entre otros resultados positivos, que sugieren que este modelo ofrece una plataforma para la transformación comunitaria positiva. Si queremos erradicar la pobreza extrema y combatir la desigualdad alrededor del mundo antes del año 2030, tenemos que invertir en la educación, no solamente asegurándonos que los niños asistan a la escuela, sino que también aprendan, que adquieran habilidades para la vida y estén preparados para contribuir a sus comunidades, países y al mundo. Es posible garantizar la educación inclusiva y equitativa de calidad para todos, pero para alcanzar esta meta, tenemos que, primero, empoderar a los jóvenes, nuestra gente y nuestras comunidades.